
Los videojuegos dejaron de ser puro juego. Ahora también prometen ingresos reales. Los títulos “Play-to-Earn” proponen ganar criptomonedas y NFTs mientras se juega. Aunque muchos se suben a la ola los modelos de negocio detrás de estas plataformas despiertan críticas, dudas y comparaciones con esquemas piramidales. ¿Diversión o explotación digital?
Durante años los videojuegos fueron puro entretenimiento. Los usuarios se sentaban frente a una pantalla y pasaban horas esquivando obstáculos, derrotando enemigos o explorando mundos. Algunos se volvieron profesionales. Entraron al mundo del eSports o ganaron dinero haciendo streaming. Pero para la mayoría jugar era solo un pasatiempo. Después llegó algo distinto, una especie de mezcla rara entre videojuego y trabajo. Algo que algunos aman y otros no entienden del todo: los juegos “Play-to-Earn”.
“Play-to-Earn” significa “jugar para ganar”. No se trata de ganar puntos o medallas dentro del juego sino de conseguir criptomonedas, NFTs o incluso dinero real. Esta idea empezó a ganar fuerza cuando las criptomonedas explotaron en popularidad y la tecnología blockchain empezó a meterse en todos lados. De golpe aparecieron juegos que prometían ganar plata mientras se jugaba.
Uno de los primeros en llamar la atención fue Axie Infinity. Era como una mezcla entre Pokémon y una billetera virtual. El objetivo era criar criaturas llamadas Axies. Los jugadores las hacían pelear y si les iba bien, ganaban tokens que podían cambiar por dinero. En Filipinas, por ejemplo, hubo gente que llegó a vivir de eso. Algunos incluso dejaron sus trabajos. Pero no todo fue tan mágico. Cuando el valor de los tokens empezó a caer y el juego dejó de ser tan rentable muchos quedaron con Axies caros que ya no valían nada. La burbuja explotó.
Lo que pasó con Axie mostró algo importante: no todos los juegos “Play-to-Earn” son sostenibles. La mayoría funcionan como una especie de mini economía que necesita nuevos jugadores invirtiendo plata para que los que están adentro sigan ganando. Suena parecido a un esquema piramidal. Mientras entra gente todo funciona. Cuando se corta el flujo, el castillo de naipes se cae.
Hay otros juegos que intentan encontrar un equilibrio entre el entretenimiento y el modelo económico. Algunos usan NFTs para representar personajes, armas, o terrenos dentro del juego. Eso permite que el jugador tenga “propiedad” sobre sus cosas virtuales y las pueda vender o intercambiar. A simple vista parece una evolución lógica de los ítems raros que ya existían en juegos tradicionales. Pero esta vez con respaldo en la blockchain, lo que da más seguridad y posibilidad de comerciar libremente.
El lado B del modelo “Play-to-Earn”
Muchos critican que el foco ya no está en el juego sino en la ganancia. En lugar de crear experiencias divertidas se piensa en cuánto puede generar cada mecánica. Así surgen juegos repetitivos donde lo más importante es farmear tokens. Jugar empieza a parecerse más a trabajar y se pierde la gracia.
Además no todos los jugadores entienden bien qué están comprando. Hay gente que ingresa en este mundo sin saber cómo funciona una wallet, un contrato inteligente, o un NFT. A veces ni siquiera entienden por qué algo tiene valor. Solo escuchan que otros están ganando y quieren probar suerte. Eso abre la puerta a estafas, proyectos vacíos que prometen mucho y desaparecen al poco tiempo o juegos que cambian las reglas de un día para otro.
Otro tema importante es el impacto ambiental. Muchos de estos juegos corren sobre blockchains que consumen mucha energía. Aunque algunas redes están tratando de ser más verdes, el consumo sigue siendo un problema difícil de ignorar.
Aquí se da una discusión más profunda. ¿Tiene sentido que jugar sea una forma de ingreso? Algunos lo ven como una oportunidad sobre todo en países donde el sueldo promedio es bajo. Si alguien puede ganar jugando eso puede marcar la diferencia. Otros creen que se está mezclando el ocio con una lógica de productividad constante. Como si hasta el entretenimiento tuviera que rendir económicamente.
En este punto aparecen los “guilds” que son como organizaciones que compran activos del juego y los prestan a jugadores que no pueden invertir. A cambio se quedan con una parte de lo que se gana. Esto generó polémica porque algunos sienten que reproduce modelos de explotación disfrazados de oportunidad.
A pesar de todo esto el interés por los juegos “Play-to-Earn” no desapareció. De hecho, empezó a transformarse. Algunos desarrolladores están apostando a un nuevo concepto: el “Play-and-Earn”. La diferencia es sutil, pero importante. La idea es que el objetivo principal vuelva a ser jugar y que ganar criptomonedas sea solo un extra ,como una recompensa, no como el motivo principal. Es un intento de hacer que los juegos sean sostenibles en el tiempo y no se conviertan en máquinas de hacer plata vacías de diversión.
El futuro de este tipo de juegos todavía no está definido. Lo que está claro es que la relación entre el gaming y el dinero está cambiando. Ya no se trata solo de comprar una consola y jugar. Ahora también hay que entender sobre criptos, wallets, blockchains, contratos inteligentes y economías virtuales.
Más allá de las respuestas lo que se viene es un cambio en la forma de pensar los videojuegos. Ya no basta con que sean lindos, divertidos o tengan buenos gráficos. También tienen que tener una economía sólida detrás, reglas claras y una comunidad que los sostenga. Porque si no hay jugadores comprometidos, ninguna blockchain ni ningún NFT salva el juego. Jugar ya no es solo jugar y aunque muchos se quejen de eso para otros es una puerta que recién se empieza a abrir.