
Las stablecoins nacieron como la “solución” para quienes querían usar criptomonedas sin sufrir los vaivenes de precios de Bitcoin o Ethereum. Al estar atadas a un activo estable como el dólar o el euro, prometen ser un refugio contra la volatilidad. Tether (USDT) y USD Coin (USDC) son algunos ejemplos conocidos. La idea es simple: 1 USDT debería valer siempre 1 dólar. Pero esa promesa no siempre es tan firme como parece
A medida que estas monedas ganaron espacio en el comercio digital y las finanzas, los gobiernos empezaron a mirarlas con lupa. No solo porque mueven miles de millones de dólares al día sino porque cualquier falla en su respaldo podría generar un efecto dominó en toda la economía cripto y más allá. La pregunta que aparece es si debería haber reglas claras para las empresas que las emiten y si la respuesta es sí, cómo hacer para que esas reglas sean útiles sin matar la innovación.
Lo primero que preocupa es la transparencia. Muchas personas no saben exactamente cómo se respalda cada stablecoin. ¿Hay dólares reales en un banco? ¿Hay bonos del Tesoro? ¿O hay una mezcla con activos más riesgosos? En el caso de Tether, durante años hubo sospechas sobre si realmente tenía suficientes reservas para cubrir todos los tokens emitidos. Esto terminó en investigaciones y multas. La falta de claridad genera miedo a un posible colapso como pasó con TerraUSD (UST) que no estaba respaldada por dinero fiat sino por un algoritmo. Cuando la confianza se quebró, el valor de UST cayó a cero en cuestión de días.
Otro punto que genera debate es el uso de stablecoins para mover dinero entre países. Si bien esto puede ser positivo para personas que no tienen acceso a bancos tradicionales también abrió la puerta a actividades ilegales como lavado de dinero o financiamiento de delitos. Algunos gobiernos temen perder el control sobre el flujo de capitales y la efectividad de sus políticas monetarias.
Desafíos de una regulación efectiva
Regular las stablecoins no es tarea sencilla. Estas monedas circulan por todo el planeta y las empresas que las emiten pueden tener su oficina en un país, los servidores en otro y usuarios en cada rincón del mundo. Si un gobierno decide aplicar reglas duras y otro no, los emisores podrían simplemente trasladarse a lugares con leyes más flexibles para esquivar los controles.
Decidir qué reglas aplicar tampoco es fácil. Algunos expertos piensan que las stablecoins deberían tratarse como bancos porque reciben depósitos y obtienen ganancias con ellos. Otros creen que se parecen más a fondos de inversión ya que gestionan activos para mantener estable el valor de sus monedas. También hay quienes proponen crear una categoría completamente nueva, diseñada solo para este tipo de monedas digitales respaldadas.
Las reglas que se definan tienen que encontrar un punto medio entre cuidar a los usuarios y dejar que la tecnología siga creciendo. Si las exigencias son demasiado duras podrían dejar fuera del juego a los proyectos más chicos que no tienen el dinero ni la estructura para cumplir con tantos requisitos. Esto podría favorecer a gigantes como Circle o Tether creando un mercado dominado por pocos jugadores. Pero si las reglas son demasiado blandas, el riesgo de fraudes o colapsos seguirá siendo alto.
Además, muchos bancos centrales están trabajando en sus propias monedas digitales (CBDC). Esto agrega otra capa de complejidad. Algunos ven las CBDC como una alternativa “más segura” a las stablecoins privadas mientras otros temen que la competencia entre ambas termine afectando la confianza en el sistema financiero.
¿Qué soluciones están sobre la mesa?
En varios países ya hay propuestas concretas. Estados Unidos, por ejemplo, discute leyes que exigirían a los emisores de stablecoins mantener reservas líquidas auditadas regularmente y cumplir normas similares a las de los bancos. Europa, con el reglamento MiCA (Markets in Crypto-Assets), avanza en crear un marco que obliga a la transparencia y responsabilidad sobre las reservas.
Otra idea es exigir auditorías independientes y públicas. Esto daría a los usuarios más confianza en que cada token está realmente respaldado. También se habla de limitar el tipo de activos que pueden usarse como respaldo, evitando inversiones en instrumentos de alto riesgo.
En paralelo, hay quienes defienden la creación de organismos internacionales que coordinen políticas sobre monedas digitales. Esto podría evitar la fragmentación de normas entre países y reducir los vacíos legales que aprovechan algunas empresas. Pero llegar a un acuerdo global no es tarea fácil como muestran los debates sobre impuestos o cambio climático.
Mientras tanto los usuarios quedan en el medio de la discusión. Para muchas personas en países con monedas débiles o inflación alta, las stablecoins son una herramienta valiosa para proteger sus ahorros. Una regulación bien pensada debería mantener ese beneficio sin exponerlos a riesgos ocultos.
Lo cierto es que el mundo cripto y las instituciones tradicionales están en una especie de “tironeo”. Por un lado hay una presión creciente para crear reglas claras y proteger a los consumidores. Por el otro está la necesidad de permitir que la innovación siga fluyendo ya que muchas soluciones basadas en stablecoins pueden mejorar pagos internacionales, remesas y acceso a servicios financieros.
En América Latina las stablecoins tienen un papel especial. No se usan solo como una herramienta para invertir o especular sino como una especie de “salvavidas” para millones de personas. En países donde la inflación se come los salarios y las monedas locales pierden valor rápidamente, las stablecoins atadas al dólar se convirtieron en una forma de proteger ahorros, enviar remesas y hasta hacer compras en línea sin depender de los bancos tradicionales.
Lo que parece inevitable es que la discusión sobre la regulación de las stablecoins seguirá creciendo en América Latina. La región tiene necesidades muy diferentes a las de los países ricos y eso obliga a pensar soluciones adaptadas a su realidad. Las reglas que funcionen en Washington o Bruselas no necesariamente serán las mejores en Buenos Aires o Caracas.