
Cuando se habla de criptomonedas muchos piensan en dinero digital, inversiones, y oportunidades. Sin embargo hay un tema que no siempre se menciona con la misma fuerza: el daño que puede causar la minería de estas monedas al medio ambiente.
Detrás de cada transacción hay un proceso que gasta mucha energía y muchas veces, esa energía viene de fuentes contaminantes.
Primero hay que saber qué significa “minar” criptomonedas. El minado es un proceso digital en el que las computadoras analizan problemas matemáticos muy difíciles. La primera que lo resuelve, se lleva una recompensa, una moneda nueva. Así nacen monedas como el Bitcoin.
El problema es que esas operaciones requieren una cantidad enorme de electricidad. Una sola transacción de Bitcoin puede consumir tanta energía como una casa durante varios días, y cuando se multiplican por miles o millones de transacciones al mes, el gasto total es gigante.
No solo es cuestión de energía. Además es necesario entender el tipo de energía que se usa. Muchas granjas de minería están ubicadas en países donde la electricidad es barata pero viene de fuentes como el carbón o el gas. Esas fuentes contaminan el aire y aumentan el calentamiento global. O sea, mientras más se mina, más gases se liberan a la atmósfera. Y esos gases no desaparecen. Se quedan atrapados y hacen que el planeta se caliente.
Hay regiones donde este impacto es muy visible. En algunos lugares de China, por ejemplo, la minería de criptomonedas llegó a consumir tanta electricidad que provocó cortes de luz. En otros países, como Irán o Kazajistán también hubo momentos donde las granjas de minería generaron problemas con el suministro eléctrico afectando a hogares y hospitales.
Más allá del gasto energético, la minería necesita equipos especiales. No son computadoras comunes sino máquinas llamadas ASIC o tarjetas gráficas muy potentes. Esas máquinas no duran para siempre. Se rompen, se vuelven obsoletas, y se tiran. Así se genera otra clase de contaminación, la electrónica. La basura tecnológica termina en vertederos sin ningún tipo de reciclaje y muchos de esos residuos tienen materiales tóxicos.
Las máquinas que minan criptomonedas trabajan sin parar y eso genera calor en grandes cantidades. Por eso se usan ventiladores, aires acondicionados y sistemas de refrigeración industrial. Todo eso consume aún más energía y cambia las condiciones del ambiente en lugares cerrados o en zonas donde hay muchas granjas funcionando al mismo tiempo.
En algunos casos se instalaron granjas de minería cerca de ríos o lagos para usar el agua en sistemas de enfriamiento, lo que tiene sus riesgos. Si el agua se contamina o se calienta demasiado puede afectar a la vida marina y se usa mucha agua, puede faltar para otras actividades como la agricultura o el consumo humano.
¿Es posible una minería sostenible?
Hay quienes dicen que no todo es tan malo, que hay formas más limpias de minar criptomonedas. Es cierto que algunos proyectos intentan usar energías renovables como la solar o la eólica, pero eso no cambia el hecho de que muchas otras granjas siguen funcionando con carbón o petróleo. Incluso cuando se usa energía limpia hay que preguntarse si es el mejor uso que se le puede dar. Esa electricidad podría servir para hospitales, escuelas o fábricas, no solo para generar monedas digitales.
Hay ocasiones en que se intenta justificar el impacto aduciendo que los bancos usan energía y que todo el sistema financiero tradicional también contamina. Es cierto, pero el problema con las criptomonedas es que, en muchos casos, el gasto es desproporcionado. Una sola moneda puede generar más emisiones que miles de operaciones bancarias normales. Eso no quiere decir que el sistema financiero tradicional sea perfecto ni que la minería sea una opción mejor.
La tecnología no es buena ni mala por sí sola sino que todo depende de cómo se usa. No basta con hablar de descentralización o libertad financiera sino que además, hay que hablar del daño que se puede causar al planeta. No se trata de estar en contra de todo lo digital, sino de buscar opciones que no afecten tanto al medio ambiente.
Reducir el impacto no es algo que se logre de un día para otro. Cuantas más personas exigan que las criptomonedas sean limpias, mayor es la probabilidad que los desarrolladores y empresas empiecen a buscar soluciones.
Hoy, la minería de criptomonedas, tiene un costo alto en dinero y recursos naturales (aire limpio, agua, salud y calidad de vida). Mientras se sigan buscando formas de ganar más monedas a costa de consumir más electricidad, el problema va a seguir creciendo.
No se trata de negar los beneficios que pueden tener las criptomonedas en algunos aspectos. Pero tampoco se puede mirar para otro lado cuando el precio real se mide en toneladas de carbono o en lagos secos. Si la tecnología no va acompañada de responsabilidad, el avance puede terminar siendo un retroceso.